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Gafas natación competición

Gafas de natación de competición: por qué son tan pequeñas y para quién son

Gafas de natación de competición: por qué son tan pequeñas y para quién son

Si has visto una carrera de natación por televisión o te has fijado en lo que llevan los nadadores de club cuando salen del vestuario, habrás notado que sus gafas no se parecen a las que usa la gente en la calle de aprendizaje. Son diminutas, se meten dentro de la cuenca del ojo y, vistas de cerca, parecen incómodas. No es una moda ni una pose: la forma responde a lo que pasa dentro del agua cuando uno nada rápido. En este artículo te cuento por qué tienen ese aspecto, qué hacen bien, qué hacen mal y para qué tipo de nadador tienen sentido.

Qué es exactamente una gafa de competición

Dentro del cajón de las gafas de nadar hay familias muy distintas. Las de entrenamiento son las que la mayoría llevamos para hacer largos: junta ancha de silicona, buen apoyo, campo de visión generoso. Las máscaras cubren además parte de la frente y los pómulos, reparten la presión en una superficie grande y apenas se notan. Y luego están las de competición, que son el otro extremo: cuanto menos gafa haya, mejor.

La definición práctica es sencilla. Una gafa de competición tiene lentes pequeñas, muchas veces curvadas para pegarse al hueco del ojo, con una junta muy fina, a veces casi inexistente, y un perfil bajo. Lo normal es que el puente nasal sea intercambiable o ajustable por tramos, porque la gafa en sí no tiene margen para adaptarse: o encaja o no encaja. Si quieres ver ejemplos concretos puedes mirar la sección de competición del catálogo.

Por qué son tan pequeñas

La razón de fondo es la hidrodinámica, pero conviene explicarla sin frases hechas, porque "hidrodinámica" se dice mucho y se entiende poco. Cuando nadas, el agua tiene que separarse para dejarte pasar. Todo lo que sobresale de tu cabeza —el pelo, una gafa gorda, una máscara con marco— empuja agua hacia los lados y crea pequeños remolinos justo detrás. Esos remolinos frenan. En una piscina a ritmo tranquilo no se nota, porque la diferencia es tan pequeña que la tapa cualquier otra cosa. Pero cuando un nadador va buscando centésimas en cincuenta metros, cada estorbo cuenta.

Una gafa que se mete en la cuenca del ojo sobresale muy poco de la cara. El agua la rodea como rodea la frente, sin tener que trepar por encima de un bulto. Esa es la primera razón del tamaño.

La segunda tiene que ver con los virajes. En una competición, cuando el nadador llega a la pared, se enrosca, apoya los pies y se impulsa de espaldas. En ese golpe de salida hay un momento en el que el agua te viene de frente a mucha velocidad. Una gafa de perfil alto recibe ese golpe como una pala pequeña: la empuja hacia arriba, hacia la frente, y puede desplazarla lo suficiente como para que entre agua. Una gafa plana y hundida en el ojo recibe mucha menos presión y aguanta en su sitio.

La tercera razón es la salida de cabeza desde el poyete. Cuando el nadador se tira de pie y entra en el agua a bastante velocidad, la gafa sufre un impacto breve pero fuerte. Cuanto más pegada esté a la cara y menos superficie ofrezca, menos riesgo hay de que el agua la arranque o la desplace.

Qué sacrificas a cambio

Nada de esto sale gratis. Las gafas de competición tienen tres pegas conocidas, y conviene decirlas sin disimular.

  • Comodidad. Al apoyar en un reborde fino, dentro del hueco del ojo, la presión se concentra en una zona pequeña. En sesiones largas acaba molestando. No es dolor, pero sí una marca roja alrededor del ojo que tarda en bajar y una sensación de ojos cansados.
  • Campo de visión. La lente es pequeña, así que ves por un agujero más estrecho. Para ir a tope en calle marcada, sobra; para nadar en aguas abiertas, en una piscina con mucha gente o para seguir a alguien de reojo, se queda corto. Para aguas abiertas, mira gafas de natación para piscina o para aguas abiertas.
  • Ajuste caprichoso. Como el margen es mínimo, el puente nasal tiene que ser el adecuado para tu cara. Si queda largo, la gafa se separa; si queda corto, aprieta. Antes de comprar, viene bien medir el puente de la nariz para saber en qué tramo te mueves.

Para quién son

Dicho todo lo anterior, la pregunta no es si son buenas o malas, sino si son para ti. Van bien cuando se dan a la vez estas cosas:

  • Nadas series cortas o pruebas de velocidad y buscas que la gafa no te frene ni se mueva.
  • Haces salidas de poyete y virajes de voltereta de forma habitual, y necesitas que las gafas aguanten bien el golpe de agua.
  • Compites en calle marcada, con línea en el fondo, de modo que no te hace falta ver mucho hacia los lados.
  • Tienes claro cómo te queda el puente nasal y toleras un rato con la marca alrededor del ojo. Para cuidarlas, mira cómo cuidar las gafas de natación después de la piscina.

No son la mejor idea si estás aprendiendo, si nadas de forma relajada en travesías, si te molestan los apoyos pequeños o si llevas gafas también fuera de los entrenamientos y buscas un uso polivalente. En esos casos, una gafa de entrenamiento clásica o una máscara reparten mejor la presión. Si no sabes en qué grupo encajas, en el artículo sobre gafas o máscara según cómo nadas está explicado por tipo de uso.

Lentes claras, ahumadas o espejadas

Las de competición vienen en los mismos acabados que el resto. Clara para piscina cubierta con poca luz, ahumada para cuando los focos deslumbran y espejada para piscina exterior con sol directo o para cuando quieres que no te vean los ojos (algún nadador lo busca a propósito antes de una final). El criterio para elegir el tinte no cambia por ser gafa de carrera: lo que importa es dónde vas a nadar. En la nota sobre lentes espejadas, transparentes o ahumadas está desglosado por tipo de piscina.

Un detalle que a veces confunde: espejada no es lo mismo que oscura. El espejo es una capa que refleja parte de la luz hacia fuera, y por debajo la lente puede ser ahumada o incluso casi clara. Dos gafas espejadas pueden comportarse de forma muy distinta por dentro. Si te pica la curiosidad, hay más modelos con este acabado en la sección de gafas de espejo.

Antivaho y mantenimiento

En una gafa de competición el antivaho se nota más que en una grande, porque la lente es pequeña y una zona empañada te deja casi ciego. Los tratamientos vienen aplicados por dentro de fábrica y se gastan con el uso, sobre todo si frotas la cara interior con los dedos o con una toalla. Lo sensato es aclarar con agua, dejar secar al aire y guardar en una funda rígida para que la lente no roce con nada. Si quieres el detalle de por qué se forma el vaho y qué hacer cuando el tratamiento empieza a fallar, está contado en el artículo sobre por qué se empañan las gafas.

Y si son para un niño

Las gafas de competición en talla infantil existen, pero conviene pensárselo. Un niño de club que ya hace salidas y virajes puede aprovecharlas; un niño que todavía está cogiendo soltura va a estar peleando con el ajuste todo el rato y acabará odiándolas. Para esa franja, una gafa de entrenamiento con junta normal rinde más. Hay una nota aparte sobre cómo ajustar las gafas a un niño que ahorra discusiones en el borde de la piscina.

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